Mi experiencia en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas en la ciudad de Bogotá, Colombia ha sido una de las experiencias más significativas de mi vida. Desde el momento en que llegué, supe que no solo estaba cambiando de país, sino también iniciando un proceso de crecimiento personal, artístico y emocional.
Mi intercambio estuvo enfocado en la danza, una disciplina que siempre ha sido parte importante de mi identidad. Sin embargo, en Bogotá descubrí nuevas formas de movimiento que transformaron mi manera de entender el cuerpo y la expresión. Cada clase representaba un espacio de exploración y autodescubrimiento, donde aprendí a escucharme, a soltar miedos y a confiar en mis capacidades. La danza dejó de ser únicamente una técnica y se convirtió en una herramienta para conocerme mejor.
Uno de los aspectos que más me marcó fue la cultura colombiana. La calidez de su gente, su amabilidad y su disposición para ayudar hicieron que me sintiera acompañado desde el inicio. Bogotá es una ciudad vibrante, llena de contrastes, donde la vida avanza rápidamente, pero siempre hay espacio para el arte, la música y el encuentro. Caminar por sus calles, descubrir nuevos lugares y adaptarme a su ritmo se convirtió en parte de mi día a día.
Aunque al principio enfrenté retos como la adaptación a una nueva ciudad y estar lejos de mi entorno habitual, estos desafíos me permitieron fortalecer mi independencia y confianza. Aprendí a resolver problemas por mi cuenta y a valorar cada logro, por pequeño que pareciera.
Hoy puedo decir que este intercambio no solo amplió mis conocimientos en danza, sino que también dejó una huella profunda en mi forma de ver el mundo. Bogotá me regaló aprendizajes, amistades y recuerdos que llevaré conmigo siempre. Sin duda, esta experiencia reafirmó mi pasión por el arte y mi deseo de seguir explorando nuevos caminos.
Una experiencia enriquecedora tanto académica como personalmente. En principio tomé la iniciativa de irme de intercambio de manera lúdica, nunca creí que realmente fuera a pasar. Sin embargo, reuní todos los requisitos y resulté aceptado por parte de la UNAM para el semestre Enero-Junio 2025. Los primeros meses fueron retadores ya que no conocía a nadie, no sabía donde iba a vivir, ni como era el camino a la facultad. Poco a poco fui haciendo amigos, la UNAM me ayudó otorgándome un guía estudiante de mi misma facultad que me ayudó a conocer la ciudad, hacer amistades nuevas, pude encontrar trabajo para los fines de semana. Aprendí muchas cosas gracias a que los maestros de la UNAM son muy preparados y en la FaM hay un buen ambiente estudiantil. También pude conocer a otros estudiantes de intercambio de otros estados y países gracias a los eventos de convivencia de la UNAM. Me siento profundamente agradecido por haber tenido la oportunidad de vivir esta experiencia, es sin duda una de las más impactantes en mi vida.